domingo, 23 de febrero de 2014

ACERCA DE UN CRÍTICO DE CINE Y UN INCIDENTE

I

Son las 11:13am. Se encuentra escribiendo algo en el computador de su oficina cuando timbra el teléfono. Timbra tres veces más y deja de escribir para contestar.

-          ¿Aló?
-          Quihubo pues. ¿Por qué no contesta el celular?
-          Ah… -- revisa en el bolsillo interior de su blazer y encuentra su celular encendido, pero en modo silencioso. – Lo tenía en silencio.
-          Ah, lo estuve llamando al celular.
-          Sí, eso veo… Esta mañana estuve en función doble y olvidé… Se me olvidó quitarle… Ponerle el timbre otra vez.
-          Ah, ya… ¿Qué—
-          Qué pena, ¿qué más?
-          No, todo bien. ¿Qué vio esta vez?
-          No, hermano… Vi la nueva de Adam Sandler, qué gonorrea de película.
-          Jajaja, qué mal… ¿Cómo es que se llama?
-          Dizque “Zohan: Licencia Para Peinar”…[i] No, no… Ese mancito no da pie con bola, qué pesar…
-          Jajaja, sí se ve como mala, ¿no?
-          No, pues, ¿ni para qué le cuento? Ya tengo la crítica lista, saldrá publicada en la próxima edición.
-          ¿Cuándo sale?
-          El martes.
-          ¿El martes ya es diez?
-          Sí.
-          Ah, bueno, pues el martes la leeré a ver qué, jajaja…
-          Gracias pues. ¿Y--
-          ¿Qué otras críticas saldrán?
-          La de--
-          Ah, espere ¿qué me iba a decir?
-          No, nada, que qué me cuenta... Pues… Es que estoy trabajando…
-          Hombre, pues para recordarle lo del cumpleaños del Gordo. Usted va a caer, ¿cierto?
-          Sí, claro… Oiga, ¿pero no es mañana?
-          No, güevón, ¡es hoy!
-          Ah, ¡pues claro! En Pyro, ¿cierto? ¿Doce y media?
-          Sí, sí. ¡No! Digo, es a las 12:30pm, pero ya no en Pyro sino en The Vegetarian.
-          ¿Qué?

A Javier le sorprende el cambio de sitio, puesto que The Vegetarian es evidentemente un restaurante vegetariano y no le cuadra que El Gordo quiera comer allá. Sin embargo, el tono que usó Torres al informarle este cambio le hace creer que no se trata de un chiste, y dado lo ocupado que se encuentra decide no inquirir al respecto, o al menos no en ese momento. Opta pues por simplemente continuar la conversación como sigue:

-          Bueno, listo, allá nos vemos pues.
-          Hágale.
-          De una.
-          Suerte papá.
-          Gracias por avisar.
-          Jajaja, de una. Bien. Suerte.
-          Suerte.

Cuelga el teléfono y vuelve su mirada al computador, donde reposa una reseña inconclusa. Durante la pasada conversación no le contó a Torres que luego de ver la última película de Adam Sandler vio la última película de Steven Spielberg, “Indiana Jones Y El Reino De La Calavera De Cristal”, película que en su opinión se trata, entre otras cosas, de “una secuela del todo innecesaria que arruina la antiguamente perfecta saga”, y de “un desperdicio de talento de gente brillante como John Hurt y Cate Blanchett, que en cambio exhibe desproporcionadamente el pobre talento actoral del siempre reprochable Shia LaBeouf”.

Empieza entonces a teclear una nueva frase, y en ese momento entra el director del área cultural de la modesta revista para la que trabaja, sin siquiera tocar la puerta, la cual se encuentra abierta.

-          Javi, ¿tiene un segundo?
-          Sí, claro. Dígame.

El sujeto hace un gesto de agradecimiento y aceleradamente se sienta en la silla del escritorio, en frente de Javier. Éste deja de escribir en el computador y se dispone a escuchar a quien es su jefe directo en la revista. El director, pues, abre la boca sin decir nada por cuatro segundos, la cierra, unos segundos después la vuelve a abrir y dice:

-          Tengo que hablarle sobre sus últimos artículos… Sus reseñas, específicamente.
-          Sí… Dígame.
-          Javi… Me parece que usted escribe muy bien. Es un hecho. Tiene una redacción muy clara e ingeniosa… Impecable, en ese sentido.

A kilómetros de distancia Javier ve venir un gran “perooooooo…”. Mientras tanto, asiente con la cabeza, con expectativa a la crítica que se avecina. Su jefe sonríe de un modo extraño.

-          Gracias – responde Javier -…
-          Pero… Pero… ¿Es que a usted no le gusta ninguna película?

Observa a su jefe en silencio, sin estar seguro de si se trata de una pregunta retórica.

-          Todas sus críticas son de 2 pa’bajo… Media estrella, ¡cero estrellas! Por Dios, cero estrellas… No le gusta ni mierda, ¿no?
-          Pues… ¿Qué le digo? Últimamente todo lo que sale es deplorable… No es que no me guste nada, me gustan mu--
-          Bueno, yo no sé… Pero trate de ser más positivo. No todo lo que sale puede ser tan malo, ¿cierto que no?
Javier gesticula, levanta las cejas y arquea los labios simultáneamente. Mientras piensa qué contestar dice:

-          Pues…

El sujeto se levanta de la silla, y se dirige con velocidad hacia la puerta, sin mirar a Javier.

-          Piénselo… Y hablamos. Me voy a reunión. ¿Cuántas críticas le faltan por mandar?
-          Tres. Ya tengo dos listas… Bueno, una lista y estoy terminando ésta –dice señalando la pantalla de su computador-- y me falta la de la película que voy a ver esta tarde. Espero verla, escribir la reseña y mandar las tres a edición antes de las siete. ¿O quiere que se las mande a usted primero?
-          No, tranquilo, mándelas a edición de una. Yo confío en su criterio. Luego hablamos con más calma. Piénselo. No. ¿Sabe qué? No piense nada, haga de cuenta que no le dije nada. ¡Nos vemos que voy tarde!

Acto seguido, el sujeto sale de la oficina de Javier mientras éste asiente, sin decir nada. No sabe qué pensar sobre lo que le acaban de decir. ¿Se supone que ahora debe escribir críticas favorables? Si él fue contratado, piensa Javier, fue para escribir críticas a películas y artículos relativos a cine para el área cultural de la revista, usando por supuesto su propio criterio, con toda libertad. Eso dice su contrato, o al menos eso cree recordar. ¿Dónde estará ese contrato, por cierto? Seguro que en la carpeta de papeles importantes, junto con los papeles de la casa y la libreta militar. De más que sí. Sería buena idea buscar la carpeta y ver si el contrato está ahí, tal vez por la noche. Por ahora toca terminar de escribir la reseña de la película nueva de Indiana Jones y prepararse para la función de la tarde.

Pasa el tiempo. Llega la hora acordada con Torres y Javier entra al restaurante vegetariano que se había acordado para el cumpleaños del Gordo. Torres lo espera ahí y le hace señas para que lo vea. Javier se acerca a Torres.

-          Oe, ¿entonces qué?
-          ¿Qué más, Javi? ¿Bien o no?
-          Pues bien… Bien. ¿Hace cuánto llegó?
-          No, hace nada. El Gordo dijo que viene en diez minutos, me llamó ahorita.
-          Bien… Bien.

Javier se sienta al lado de Torres, en una mesa para cuatro. Los dos examinan en silencio el restaurante en que se encuentran. Ven un montón de gente sentada comiendo y otros tantos entrando y saliendo, es un sitio exitoso. Javier le pregunta a Torres:

-          ¿Usted ya ha comido acá?
-          No, nada…
-          Y qué… ¿Se supone entonces que el Gordo sugirió este sitio?
-          Sí, es que el man quiere adelgazar. ¡Es que está muy gordo!
-          Pues hombre…
-          Yo me comí unas empanadas antes de venir.
-          Jajaja, ¿en serio?
-          No, pero lo hubiera hecho, ¡mire el menú!
Torres le pasa el menú a Javier y lo observa primero con detenimiento y luego con repulsión.
-          Torres, ¡güevón! ¿¡Vamos a comer acá!?
-          ¿Pues qué hacemos si El Gordo quiere acá – contesta Torres, resignado-- ? Es el cumpleaños de él.
Javier continúa leyendo el menú con mucho asco. Torres le dice, en tono consolador
-          Vea, yo no creo que ese man aguante este ritmo vegetariano por mucho tiempo… Si mucho, si mucho, le pongo un par de semanas más. Si mucho un mes.
-          ¿Cuándo empezó acaso?
-          Empieza hoy, jajaja…
-          Jajaja, ¿en serio?
-          Sí, que porque el cumpleaños es el inicio de un ciclo, y que como cumple 27, cada siete años es el inicio de un nuevo súper ciclo o yo-no-sé-qué… Es una maricada ahí en la que anda metido ahora, como de astrología o algo así, el otro día me medio contó pero no le entendí muy bien.
-          ¿Cuáles siete años? Si son múltiplos de siete, ¿no debería empezar el supuesto ciclo nuevo a los 28?
-          ¿A los 28?
-          Claro, porque es múltiplo de siete. Siete por cuatro veintiocho. Le faltaría un año para completar el tal ciclo…

Mientras dice lo anterior, Javier sacude las manos y le hace ademanes gestuales a Torres para que capte el error en el que aparentemente incurrió el Gordo.

-          Ve, sí… Jajaja, ¿tendría el corazón para decirle al Gordo que empiece la dieta dentro de un año entonces?
-          Pues no me importa, eso nos podría zafar de almorzar acá, ¡yo le digo! Me comprometo.
-          ¿Y a dónde vamos a ir ahora?
-          Por aquí hay muchos sitios mejores. Esperemos a que llegue, le decimos y cambiamos de sitio.

Pasan un par de minutos, y en medio de otra conversación derivada de la anterior llega El Gordo, conversando jovialmente con una mujer esbelta y muy atractiva, un poco menor que él, casi de su misma estatura. Por la forma en que le sonríe al Gordo parece que comparten la intimidad bajo las sábanas.

Torres, en medio de moderadas risas, causadas por un comentario de Javier, interrumpe la conversación para hacerse visible ante El Gordo y su pareja. Javier les sigue con la vista, y reconoce a la mujer que acompaña a su gordo amigo. La identifica, aunque no sabe su nombre.

Su única interacción previa había sido hace tal vez año y medio, una noche en la que Javier salió a una discoteca a beber y procurar conocer a alguien con quién desahogar sus penas momentáneamente, o mejor, descargar la energía sexual que tenía reprimida desde que terminó con su novia un mes atrás. Tres jarras de cerveza y dos shots de tequila después, la vio por primera vez a la distancia y sin pensarlo demasiado se fue caminando hacia ella y se decidió a hablarle con toda la confianza proporcionada por el alcohol. Ella lo vio venir cuando ya estaba demasiado cerca y no hizo nada al respecto, fuera de observarle. Él se detuvo enfrente de ella, y dos segundos después se decidió a hablarle. Ella, mientras tanto, le escuchó con indiferencia.

-          Hola.

Javier la saludó con sus ojos fijados en los de ella.

-          Hola.

Ella le contestó de un modo muy indiferente.

-          ¿Entonces?

Intervino así un tercer personaje, un tipo más alto y mejor vestido que Javier. Estaba al lado de la mujer a la que le acababa de dirigir la palabra. Estaba al lado de ella, muy cerca, y Javier no lo había divisado antes. El tipo, quien parece ser un novio celoso, mira a Javier muy seriamente y su lenguaje corporal indica que pretende proteger su territorio, por decirlo en términos animales. Javier, muy amable, le contesta el saludo.

-          ¡Quihubo! ¿Qué más?
-          Sí, cuéntenos – le contesta el sujeto-- .
Al ver que la oportunidad de coronar con la damisela elegida fracasó, Javier se las da de payaso.

-          Sí, bueno, es que estoy vendiendo estos relojes...

Javier se hace el que está buscando relojes en sus bolsillos. A ella le da risa el patético espectáculo que está presenciando. Al tipo no le causó gracia y levantó la voz.

-          Sí, ajá, ¡devuélvase por donde llegó!
-          ¿Por donde llegué? ¿Por qué no por otro camino? ¿Por qué por donde llegué y no por otra parte? ¿Ah?
-          Mire parcero, no se busque problemas. Písese, güevón.
Al decir lo anterior, el tipo miró hacia su izquierda e hizo unas señas con la cara.
-          Ay, problemas, ¡problemas! ¡Problemas los que tuvo tu puta madre cuando a tu papá se le rompió el condón de mierda que iba a evitar que vos nacieras!
-          Ay, papito – se ríe el tipo --, deje de hablar mierda. Cómasela, más bien.
En ese instante llegó uno de los bouncers de la discoteca, un hombre orangután bien fornido y tuso, de rostro similar al del sargento en “La Gente de La Universal”. Se le acercó a Javier por detrás, y poniéndole la mano izquierda en el hombro derecho le dijo:

-          Camine, amigo, acompáñeme por acá.
-          Uy, ¡quieto! Suélteme, yo camino solo.
-          No papá, uste’stá muy aletoso, camine por acá.

Javier sacudió su hombro para quitarse al hombre orangután de encima, pero no fue suficiente. El bouncer agarró de nuevo al alicorado pero esta vez de los antebrazos y con una fuerza irresistible con la cual empezó a tirar a Javier lejos de la pareja y ante los ojos expectantes de los presentes. El tipo hacía gestos burlones de despedida mientras la damisela se reía con la boca tapada, pues ese tipo de espectáculos no le eran comunes.

-          Claro, llamás a tus orangutanes a que hagan el trabajo sucio por vos, ¡ahí estás pintado! ¡Canalla!

Por más que intentó luchar con todo su cuerpo contra las tenazas del hombre orangután no pudo superarle de manera alguna. Cuando todavía faltaban unos metros para llegar a la salida de la discoteca dejó de luchar y simplemente se dejó arrastrar por completo. Unos segundos después el bouncer lo soltó en la salida.

-          Suerte man. No se busque más problemas, ¿oyó?
-          Ay, problemas… Problemas.

El orangután le contesta con una mirada amenazante. “Ojo pues”, lee Javier en sus pupilas, y finalmente se va del sitio.

No había pensado en este evento en los últimos meses, pero lo recordó todo de repente al verla llegar con nadie más ni nadie menos que El Gordo. Éste, aún a la distancia, divisa sus amigos, hace un ademán para que le esperen, habla algo con su pareja, se dan un beso corto pero cariñoso y ella se va, no sin antes hacer un veloz contacto visual con Torres y Javier, quien a pesar de haberla observado todo el tiempo mientras estuvo visible al mismo tiempo pretendía evitar todo contacto visual, de manera que cuando ella finalmente lo vio él bajó la mirada, quedando absolutamente corchado. Torres, quien no se dio cuenta de nada de esto, le pregunta.

-          ¿Qué? ¿El Gordo anda cuadrado? ¿Quién es esa vieja?
-          Ni idea, no sé…
-          ¡Está bien rica, jajaja!

Los recuerdos de esa lejana noche le revivieron el mismo sentimiento patético de derrota. No sabe si ella lo reconoció ni de qué forma lo recuerda, si es que lo recuerda. Sabe, sin embargo, que está en algún tipo de relación seria con El Gordo. “Con El Gordo”, le resuena en la cabeza. El Gordo se acerca a la mesa. Torres se levanta y le saluda con entusiasmo. Javier le sigue.
-          Quihubo pues Gordo, ¡feliz cumpleaños!
-          Oe Torres, ¡gracias pues!
-          Hombre, feliz cumpleaños.
-          Javier, hermano, ¡con más amor!
El Gordo abraza efusivamente a Javier y le da un par de palmadas en la espalda.
-          Oigan, gracias por venir, ¡hace resto no los veía, güevón!
-          Bueno, ¿y quién es la vieja? ¿Hace cuánto se enredaron? ¿Ya le dijo que la quiere? ¿Por qué no la presenta? Jajaja, ¡cuente a ver!
-          Cálmese Torres, espere nos sentamos y les cuento…

Se sentaron los tres y El Gordo empieza a contar su historia. De acuerdo con El Gordo, ella se llama Catalina Pinzón, se conocieron en las novenas del año pasado en la casa de la prima de ella, Juliana Pinzón, quien es gran amiga de El Gordo desde el colegio, y empezaron a salir de inmediato. Están cuadrados desde enero.

A estas alturas Javier ya no tiene hambre y olvida por completo la pretensión inicial de cambiar el restaurante. La conversación con sus amigos se suspende mientras deciden qué almorzar, y Javier se decide rápidamente por unos kibes vegetarianos y para tomar… No sabe. Revisa la sección de cervezas y no encuentra ninguna de las marcas tradicionales. En vez de eso, encuentra “cerveza biológica de trigo”. Pide una. Y otra, antes de que llegue la comida. Y otra, cuando van por la mitad. Y otra, para acompañar a Torres y a El Gordo con sus respectivas aromáticas de canela.

Javier y Torres pagan la cuenta y continúan un rato más en la mesa mientras terminan sus bebidas. El Gordo le pregunta a Javier:

-          Oe Javi, ¿no está como turuleto con esas chelas?
-          ¿Qué? No, nada, Saben rico pero yo me siento bien, no estoy ni remotamente prendido, ni tendrán alcohol, son unas cervezas vegetarianas ahí, ni idea.
-          No estuvo ni tan mal el sitiecito –interviene Torres-, yo vuelvo. ¡Y el tal Javi que quería que nos fuéramos a otro sitio! ¿Qué dice, Javi? ¿Vuelve o no?
-          Sí, verdad –contesta Javier, a pesar de que los kibes no fueron completamente satisfactorios por su escaza pero costosa porción--… No estuvo ni tan mal…
-          Sí, vean, en serio yo voy a adelgazar, ya me mamé de que me digan El Gordo. Ahora que me llamen por mi nombre. Hay que aprovechar que de acuerdo con mi carta astral estoy iniciando un nuevo ciclo, y quiero establecer unos cambios serios en mi vida.
-          Oiga – dice Torres--, yo no sé… Este cuento de la carta astral, ¡No sé! Estas cosas siempre me han parecido muy raras, pero si le sientan bien pues hágale.
-          ¡Eso Torres! ¿Y usted qué, Javi? ¡Ha estado muy callado! ¿Qué le pasa?
-          Nada, todo bien. Fue una mañana pesada y me espera una tarde pesada.
-          Jajaja, claro – interviene Torres --, pesadísimo ver películas gratis todo el día y despotricar de ellas por dinero, ¡durísimo!
-          !!!
-          Ya, Javi, ¡cálmese! Es por molestar, usted sabe.

El Gordo se ríe de todo esto y continúa:

-          Bueno parceros --se levanta la mesa, y sus amigos le siguen--, ya toca ir a continuar labores, porque qué, ¿sí o qué? Muchas gracias pues, ¡qué detallazo!
-          Nada Gordo –responde Torres-, con mucho cariño.
-          Con mucho gusto, hermano. Tenemos que v—
-          ¡Ah! Qué pena, se me había olvidado. No le vuelvo a decir Gordo.
-          Jajaja, fresco hermano, fresco.
-          Tenemos que vernos más seguido –continúa Javier-.
-          Sí sí sí sí. Y les presento bien a Cata. Ahorita no se pudo quedar, tenía audiencia en el centro entonces le tocaba correr. Otro día se las presento formalmente. Cuadramos algo en mi casa o algo, no sé, ahí miramos.
-          Bien, listo. Me alegra que esté contento, ¡está muy hembra!
-          Jajaja, ¡Gracias Torres! Entonces mejor se la presento solo al Javi, Jajajaja.

Torres y El Gordo se ríen bastante con esto, y Javier simula con éxito una risotada, de esas que suele hacer cuando su jefe y ciertos colegas hacen chistes en las reuniones y cocteles de trabajo. Falta un cuarto para las dos y Javier debe ir a la película de las 2:30pm, por lo que se despide de sus amigos y se dirige al teatro. La película cuya reseña debe preparar para la próxima edición de la revista es “El Incidente”, escrita y dirigida por M. Night Shyamalan.
Entra a la sala un poco después de que empiezan los comerciales previos y se sienta en la parte de atrás y lejos de otros cuantos críticos que también están allá para sacar sus respectivas reseñas. Observa la película con todo el cuidado y la imparcialidad posibles, dadas las circunstancias.

Termina la película, ruedan los créditos hasta el final y apagan la pantalla. Visiblemente perturbado, unos minutos después Javier se levanta de su silla y sale del recinto directo a la oficina a escribir la reseña, la cual ya tiene preparada en su cabeza. La escribe ayudándose de cuando en cuando con los apuntes que tomó durante la proyección y la remite a edición junto con las demás que hacen falta. Luego de completar un informe que también debía mandar, ya bien entrada la noche se dirige a su casa a comer algo y a dormir.

II

Una semana después, Javier se encuentra escribiendo algo en su oficina, un día cualquiera en la tarde. Su jefe va de salida a un cóctel, pero antes pasa por la oficina de Javier.

-          Oiga Javi, ¡muy buenas las reseñas!
-          Gracias jefe.
-          Habrá que ver esa del incidente, ¿no?
-          ¿Cómo dice?
-          Sí. Para que a usted le haya gustado tiene que ser toda una obra maestra, ¡un milagro del arte!
-          ¿Ah?
-          La veré y hablamos. ¡Saludos!

Javier, intrigado por el entusiasmo de su jefe, se sorprende al saber que vio la película pero que no recuerda nada de ella. Trata de pensar en la reseña de “El Incidente” pero tampoco recuerda cómo la escribió. Toma entonces la edición impresa que salió el martes y revisa sus críticas. Observa que a “Zohan: Con Licencia Para Peinar”  le puso media estrella; a “Indiana Jones y El Reino De La Calavera De Cristal” le puso dos; y contra todos los pronósticos y expectativas, le asignó la máxima calificación posible a “El Incidente”: cuatro estrellas.

Se trata pues de un hecho sin precedentes en el año y tres meses que lleva trabajando para la revista. Ni siquiera la casi universalmente aclamada “Sin Lugar Para Los Débiles” había merecido cuatro estrellas, puesto que, entre otros detalles menores, “(…) sus personajes conservan un aire extraño, un velo de artificialidad que me impide disfrutar la película a cabalidad”.

Sentado en silencio, Javier todavía no recuerda haber escrito ningún aparte de esta reseña y tampoco ninguna escena en particular ni en general de la película.

Ahí, sudando frío, se pregunta pues si vale la pena preguntarse si fue alguien más quien escribió y mandó la reseña. Revisa rápidamente las otras dos reseñas publicadas y se ven tal cual como él las recuerda. Abre su correo electrónico y revisa el archivo adjunto al correo que remitió a edición: los textos coinciden, pero para Javier esto no es suficiente. La última palabra la daría su libreta de apuntes, la cual siempre lleva en su chaqueta para anotar ideas o apuntes mientras ve películas que debe reseñar. La abre en las últimas páginas y encuentra apuntes que coinciden con lo publicado. No hay duda: él la escribió.

Nunca antes le había pasado esto. Usualmente su memoria es confiable y no suele olvidar películas sino hasta años después de haberlas visto por última vez, si acaso, y aun en tal caso de olvidar sus particularidades logra recordar al menos una idea general y el reparto. En este caso ni lo uno ni lo otro.

Caminando en círculos dentro de su oficina, Javier reconstruye en su cabeza los hechos del día en que tuvo que haber visto la película: recuerda con lucidez haber almorzado con sus amigos… Recuerda haber salido de la oficina de noche… Y recuerda haber despertado al día siguiente en su casa. Cae en cuenta de que tiene dos lagunas que sumadas dan más de doce horas y se asusta.

Escudriña más profundamente en su memoria y logra recordar que durante el almuerzo bebió cuatro cervezas en el restaurante vegetariano. Sin embargo, también recuerda no haberse sentido prendido. Y también recuerda haber despertado libre de resaca al día siguiente.

Tal vez la especial mezcla entre esta cerveza biológica de trigo y el esplín revivido el día del cumpleaños del Gordo crearon una reacción química a nivel neurálgico desencadenando la laguna mental que sufrió como fruto de un sistema de defensa ejecutado inconscientemente por su organismo. Javier no tiene la más remota idea de lo que sucedió, pero por ahora se encuentra más que intranquilo al percatarse de que la crítica de “El Incidente” surgió mientras él sufría de efectos psicoactivos que se salieron de su control. En ese momento toma el periódico y revisa cuál es la próxima presentación de “El Incidente” y sale de inmediato para verla de nuevo, con la esperanza de poder sostener en el futuro próximo lo que había plasmado en la reseña.

Ya en el cine, con la sala casi llena, la función comienza y Javier se reconforta cuando nota su tono sombrío, el cual es adecuado habida cuenta de la trama, la cual gira en torno a una misteriosa fuerza que obliga a la gente a suicidarse de inmediato con lo que haya a la mano. De igual forma observa algunos ángulos de cámara bien interesantes y la cinematografía en general.

Pronto, sin embargo, a medida que pasan los minutos y los personajes empiezan a desenvolverse en pantalla y a desarrollar la trama, Javier no puede más que lamentarse en silencio. Los espectadores ríen a carcajadas en medio de los momentos supuestamente dramáticos. Al revelarse nuevos aspectos de la trama vociferan con decepción y ya media hora después del inicio empiezan a salir personas disgustadas de la sala, mientras que Javier permanece en su puesto estupefacto, con la boca abierta ante tal espectáculo. Estupefacto no como cuando él observa grandes obras como las de David Lynch o Lars von Trier, sino más bien como cuando escucha la desafortunada respuesta de una Señorita Valle o Señorita Antioquia a una pregunta del jurado en el Reinado Nacional de Belleza.

Por la mente de Javier pasan infinidad de interrogantes, juicios y opiniones sobre la película. ¿De dónde sale una frase como “(s)abes, los perros calientes tienen una mala reputación. Tienen una forma grandiosa, tienen proteínas… Te gustan los perros, ¿cierto?” ¿Y qué tal “(n)o hay momento en que dos personas mirándose entre sí, o estándose quietas, amándose mutuamente con sus ojos sean iguales”? ¿Y qué hay de “¿Puedes creer cuán caquita puede ser la gente?”?

Es el libreto con las frases más ridículas y estúpidas que jamás hayan visto la luz pública. La ridiculez de las frases no cuadra para nada con la melodramática música que acompaña el tono solemne de la película. No es una comedia, a pesar de escenas hilarantes como aquella en la que el personaje de Mark Wahlberg le habla a la mata de plástico; tampoco es una película de acción, a pesar de la violencia gráfica de algunas escenas. Ni de suspenso, a pesar de los fallidos intentos de asustar al público con el suave soplido del viento sobre una pradera.

Nunca antes había visto un desastre tan pretencioso, un fracaso tan estrepitoso, tan patético. Durante el transcurso de hora y media, minuto tras minuto, la película logró sorprenderle con una sarta de idioteces sin igual, unas evidentes y otras más pequeñas que revelan nuevas capas de idiocia nunca antes imaginadas. Es supremamente corta en longitud, pero mucho más en inteligencia y astucia. Es un testamento del rotundo fracaso como libretista y director de M. Night Shyamalan.  Es incluso peor que “Señales”, película del mismo director, que Javier hasta ese momento consideraba como la peor que había visto en su vida.

Enfadado, lívido y sudoroso, Javier sale de la película y se dirige al baño del teatro. Allí escucha los comentarios de varios espectadores disgustados:

-          No… ¡Qué huesazo güevón! ¡Qué pedazo de mierda!
-          Yo había leído por ahí dizque que era buena, pero no, ¡qué hijueputa tan mala!
-          Nunca había visto algo así… ¡Increíble!
-          ¡Jueputa – exclama alguien más, mientras golpea una pared del baño con la palma de la mano—qué rabia esa hijueputa película! ¡Qué rabia! ¡Que me devuelvan la plata ya!
-          Jajajaja, ya cálmense, no es más que una película. De acuerdo, es aterradoramente mala, pero ya cálmense.
-          Hola, sí, ¡dejen orinar en paz, carajo!

Javier temblaba de miedo. Él había odiado la película también, la odia con todas sus fuerzas. Sin embargo, la revista para la que trabaja publicó una reseña infinitamente generosa y laudatoria sobre ella. Una reseña absolutamente colmada de encomios. Una reseña de su autoría, aunque escrita bajo la oscura influencia del esplín y cuatro botellas de cerveza biológica de trigo, aunque este detalle a nadie le importa.

En efecto, Javier, entre otras cosas, expresó en su reseña que “(d)espués de casi diez años de espera, finalmente M. Night Shyamalan ha logrado reivindicarse como cineasta al superar con creces la astucia y originalidad que caracterizan a ‘El Sexto Sentido’, con la magistral sutileza de ‘El Incidente’.”

En otro aparte expresa: “Cuando estrenó ‘El Sexto Sentido’ hubo quienes consideraron a su autor como el sucesor de Steven Spielberg. Ahora que tenemos la nueva (y ojalá última) entrega de Indiana Jones y a ‘El Incidente’ juntas en cartelera, es claro que el discípulo ha superado al maestro”.

En relación con la actuación, destaca en particular a John Leguizamo “en medio de un talentoso ensamble lleno de caracterizaciones calmadas y humildes, contrarias a los escandalosos bombardeos de sobreactuación a los que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood.”

Resuenan estas y otras frases más en la cabeza de Javier, junto con el alboroto del público que acababa de ver la película y Catalina Pinzón besándose con el novio de la vez de la discoteca y luego con El Gordo. No soporta más la situación y va a la oficina de su jefe.

-          Hola Lucy. ¿Se encuentra—
-          Hola Javi –interrumpe alegremente la secretaria de su jefe--. No, no está. Salió un momentico. Si quieres espéralo cinco minuticos.
-          Gracias.

Javier se sienta y espera un par de minutos mientras Lucy continúa trabajando en silencio. Entonces se pregunta a sí mismo qué le va a decir a su jefe. ¿La verdad? ¿Tiene sentido revelarle la verdad a su jefe? ¿Le creería? Minutos atrás, a la salida del baño del teatro, sentía que debía hablar con su jefe, pero en realidad no había pensado de manera alguna qué objeto tendría esto. Si no le dice la verdad, ¿qué se va a inventar y para qué?

-          Javier. –le sorprende su jefe mientras camina hacia la oficina. Javier levanta la vista, sorprendido.
-          ¿Señor?
-          Venga, cuénteme –entra a la oficina y le pide con la mano que le siga adentro--.
Entran a la oficina y se sientan en sus respectivas sillas. El jefe le mira a los ojos.
-          Jefe…
-          Sí, dígame…

Después de una dramática pausa, Javier mira hacia abajo. Su jefe le dice:

-          Vi la película –Javier levanta sus ojos hacia su jefe, quien está cabizbajo--. La del incidente. Leí su reseña y fui a verla. Leí después las críticas de las otras revistas, de los periódicos… Todos coincidimos en que es mala. Todos, claro, menos usted. Es decir, la revista. Su reseña representa a la revista entera, lo sabe, ¿no?

Javier asiente con la cabeza. El jefe prosigue:

-          Usted… Probablemente ha afectado de manera incorregible el good will de la marca, ¿está consciente de eso? Vamos a ser el Ain’t It Cool News colombiano. La verraquera, ¿no?
-         
-          Mañana habrá comité editorial, y creo que su cabeza va a rodar. Lo lamento porque usted escribe bien, pero como le digo, independientemente de su trayectoria y de sus intenciones, este “incidente” va a dañar la imagen de la revista de manera irreparable. La seriedad de la marca está en juego… No sé qué vamos a hacer ni qué va a pasar, pero lo más probable es que usted no vaya a continuar con nosotros. Se lo anticipo para que se prepare. Mi cabeza también está en juego.
-          Comprendo…
-          Vaya a su casa y descanse. Mañana le comunicaremos qué decisión se tomó.

Javier se levanta de su silla y se despide.

-          Gracias, adiós.
-          Ah, espere, ¿no iba a decirme algo?
-          Pues… La verdad no. Ya no.
-          Bien. Bien.

III


Javier sale de dictar clase en la universidad y se dirige a su casa. Se supone que no debe haber nadie, puesto que su esposa, Juliana, trabaja todos los días hasta tarde y es él quien llega temprano. Sin embargo, hoy es una excepción.

-          ¡Hola amor! ¡Feliz cumpleaños!
-          ¡Juli, hermosa –exclama Javier--! ¡Casi me matas de un susto!
-          Hoy salí más temprano para darte la sorpresita…
-          Hermosaaaaa, ¡tierna!

Se abrazan y se dan un efusivo beso.

-          Como estás de cumple cumple yo me encargué de hacer la comida…
-          Ternurita. Sí me di cuenta del olor, ¿hiciste fríjoles?
-          ¡No! ¡Pasta a la carbonara! ¡Dizque fríjoles!
-          Juliii, ¡es por molestar! Huele súper rico a pasta, jajaja, súper rico.
-          ¡Qué malo!
-          Juliiiiiiiiii – Javier la ataca a cosquillas—
-          Ya, ¡quieto! Vamos a comer, y después vemos película.
-          ¿Película? ¿Dijiste?
-          Síiií, mira que hace rato no vemos película. Mira que antes de venir a la casa pasé por 8mm y alquilé una película… Espérate la busco, la dejé por aquí…

Juliana revisa en la mesa de la sala y entre unos papeles la sacó y la escondió tras de sí.

-          Juli, ¿qué película alquilaste?
-          Es una película que te gusta mucho mucho.
-          ¿Ah sí?
-          Síiiií.
-          Cuál será… Cuál podrá ser… ¿Alguna de Kubrick?
-          Oye… No sé, espérate miro…

Ella le da la espalda a Javier para observar bien la caja, pues si bien ella reconoce a algunos actores no sabe nada de directores. Javier aprovecha para abrazarla desde atrás e intentar quitarle la caja para saber qué película es. Después de un alegre forcejeo Javier logra quitarle la caja y queda atónito al darse cuenta que se trata de “El Incidente”.

-          ¡Tu crítica sale en la caja! ¡Mira!

Efectivamente es cierto. No solo su crítica sale en la caja, sino que es la única que sale en la caja. Junto con las cuatro estrellas, su nombre y el de la revista, aparece el siguiente fragmento de la reseña original: “El mensaje tan abiertamente abstracto, pero al mismo tiempo tan cerradamente concreto que ofrece ‘El Incidente’ es susceptible de unir no solo a una nación y a un planeta, sino también a la galaxia entera en una singular orgía de paz y bienaventuranza.

-          Sí, es mi crítica…
-          Amor, ¿qué te pasa? Estás pálido, ¿qué tienes?

Javier, inexpresivo, observa a su costado la ventana de la sala y las cortinas, que se encuentran abiertas. Siente una suave y fresca brisa entrar a la habitación. Carente de emoción dice:

-          Las cortinas están abiertas.
-          ???

Camina calmadamente hacia la ventana, cuyo borde inferior da hacia su cintura. Levanta la voz a Juliana:

-          Es que… ¿No te importa lo que pase con las abejas? ¿Por qué no te interesas un poco más por la ciencia? ¿Ah?
-          ¡???!

Continúa caminando, y a pesar de que ya está enfrente de la ventana no se detiene. En cambio, continúa yendo hacia delante, como si no hubiese visto o sentido la pared delante de sí, de manera que choca y su cuerpo se arquea dando bote por la ventana por completo.

Juliana, sorprendida con semejante comportamiento autista, grita y corre a abrir la puerta. Apenas sale de la casa mira hacia su derecha y observa a Javier en el jardín de la entrada, quien yace de espaldas, con las piernas levantadas y reposadas sobre la pared, justo debajo de la ventana.

-         ¡Javi amor! ¿Qué te pasa? ¿Te enloqueciste? ¿Por qué te tiraste así por la ventana?

Juliana se acerca a él para socorrerlo y ver si está herido. No parece estar sangrando ni visiblemente herido de manera alguna. Después de una breve pausa dramática él la mira con una indescifrable mueca, y le contesta:

-         Es un acto de la naturaleza, y nunca podremos comprenderlo a cabalidad.

2014






[i] A continuación, los títulos originales de las películas acá referidas:
“Zohan: Licencia Para Peinar” = You Don’t Mess With The Zohan
“Señales” = Signs
“Indiana Jones Y El Reino De La Calavera De Cristal” = Indiana Jones And The Kingdom Of The Crystal Skull
“El Sexto Sentido” = The Sixth Sense
“El Incidente” = The Happening