sábado, 6 de agosto de 2016

UN MUNDO EXTRAÑO

I

            En la ciudad de Bogotá vive Andrés Smith, un hombre con padres norteamericanos (ya fallecidos) y que vive al norte de la ciudad solo en un apartamento. Es un experto en computadores y trabaja en una finca que queda en la Calera.

            Una noche, Andrés fue a su finca y empezó a trabajar en su computador. Esa noche estaba tronando, y un rayo cayó en la planta eléctrica de su finca, la electricidad llegó hasta el computador y por alguna extraña ley de la naturaleza fue transportado a otro mundo.


II

Todo sucedió en una milésima de segundo. Una milésima de segundo atrás, Andrés estaba en su finca; al siguiente, estaba en algo que parecía un río. Miró hacia abajo y vio unas algas que iban hacia él. Nadó rápidamente hacia arriba y cuando llegó hasta arriba y se había salido, las algas se hundieron.

-          ¿En dónde rayos estoy –se preguntó- ?

Ese lugar tenía un cielo azul con unas nubes grisáceas y un suelo café, pero no parecía la tierra de Bogotá. En el paisaje observó unas montañas, y en una de ellas había un animal parecido a un leó negó. Andrés creyó que éste le estaba mirando, pero lo ignoró. Siguió, y encontró a unos seres como unas babosas, pero parecían tener dientes y se acercaban a Andrés. Él, con un poco de miedo, les dio unas patadas y se desintegraron. Estaba aterrado con las cosas que sucedían en aquel lugar. No lograba entender cómo había llegado allí. Se preguntaba si había seres inteligentes en ese lugar, y mientras reflexionaba vio una sombra que se acercaba y se hacía más grande y cuando se veía bien, identificó al león negro que había visto.

Cuando empezó a rugir, Andrés dio vuelta y se echó a correr como loco. Después de cierto tiempo, estaba en un precipicio. Estaba desesperado y no sabía qué hacer, pero vio una cuerda y la agarró. El león ya se estaba acercando mucho y Andrés se lanzó cogido de la cuerda, pero cuando llegó lo más lejos se devolvió a correr, y el león también. Tiempo después, Andrés se topó con dos seres altos armados, muy fornidos y cubiertos con una capota negra. Uno de ellos se agachó y le disparó al animal con un láser rojo. Cuando Andrés se recuperó del susto del animal, se dirigió a esos seres que le habían salvado la vida.


-          ¡Oh! Muchas gracias por su ayuda. Sin ustedes habría muerto. ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes?

Los dos seres en medio del rotundo silencio, le dispararon a Andrés en estómago y quedó inconsciente.


III

Al despertar vio un ser parecido a los que ya había visto, pero parecía amigable. Cuando se incorporó del todo, se dio cuenta de que estaba en una jaula.

-          Eres terrícola, ¿cierto –le preguntó el sujeto a Andrés- ?
-          ¿Yo? Sí. ¿Y tú?
-          De acá, de Venus. Me llamo Max. ¿Y tú?
-          Andrés Smith. ¿Por qué estás aquí?
-          Porque me revelé al ejército. Todos los encarcelados aquí nos revelamos. Fui guardia por diez años terrestres y me conozco este castillo de memoria, incluso los códigos de las puertas, pero no sé cómo salir de esta jaula colgante.

Andrés miró por uno de los barrotes de la jaula donde vio un abismo, y al otro lado había tierra, unas celdas y un guardia.

-          ¿Por qué no balanceamos la jaula y hacemos que reviente la cadena?
-          Es muy arriesgado, Andrés. Podríamos ir al abismo y morir.
-          Pero no hay otra salida. Intentémoslo.

Balancearon la jaula tres veces y ésta cayó encima del guardia, pero éste desafortunadamente gritó y avisó a los otros soldados.

-          ¡Andrés! Toma el arma del soldado y cúbrete.
-          Listo.

Tomó el arma y automáticamente la manejó como si fuese un experto y, la verdad, nunca antes había tomado un arma. Fueron corriendo hasta llegar a una puerta, y como Andrés corre más rápido llegó primero. Miró hacia atrás, venían tres soldados y Max. Con un poco de suerte logró acertarle a los tres soldados, pero vino un cuarto soldado que no había visto y le disparó a Andrés. Miró el láser que venía hacia él  se puso a presionar varios botones que había en el arma. De repente, salió un escudo transparente que protegió a Andrés del láser, quien estaba algo desconcertado, pero se repuso y pudo disparar con el láser, que chocó con el escudo enemigo, luego presionó otro botón y salió un rayo potente que convirtió en polvo el escudo, lanzó otro “débil” y acabó con ese soldado. Al fin llegó Max y tipeó la clave de la puerta, ésta se abrió y entraron.


IV

            Estaban Max y Andrés en un pasillo más corto que donde estaban hace un rato y mucho más silencioso.

-          ¿A dónde vamos –preguntó Andrés-?
-          ¡Shh! Habla más bajo. Puede que alguien nos oiga. Solo sé que hay que ir a un piso de los extremos. No sé si es el primero o el último. Vamos al último. Usemos el elevador.
-          ¿Cómo es que hablas español y me reconociste como terrestre?
-          De eso quería hablarte. Todos los soldados sabemos la gran mayoría de idiomas en tu planeta para poder someternos y hacernos entender. Por eso nos rebelamos mucho soldados. Ya llegamos. Prepárate.

El colombiano abrió la puerta y no había nada. Era una especie de cúpula. Había una ventana. Se acercó allá y contempló un gran imperio.

-          Vaya –exclamó Andrés-… ¡Esto es gigante! Vas a hacerme un mapa, ¿verdad?
-          Sí, siempre y cuando tengas algo en qué escribir y con qué.
-          Creo que tengo algo en mi bolsillo, un papel… ¡Oh! Está mojado. No tengo nada.
-          Bueno… Cuando tengamos que dividirnos te explico el camino.
-          Listo.

Fueron al elevador y bajaron al segundo piso. Bajaron del elevador y se dirigieron al fondo de ese corto corredor y había una puerta. Max puso la clave y dijo:

-          Mira –dijo señalando un hueco-: ahí abajo hay un guardia con un arma súper potente, que es capaz de destruir ésta puerta y no hay tiempo para pelear con él. Así cuando bajemos por el hueco ahí adelante sales corriendo y cuando veas el hueco en el techo, te metes ahí y me esperas.
-          Listo. Vamos.

Andrés se adelantó al hueco y bajó. Inmediatamente se echó a correr como un loco hasta llegar al hueco del techo y lo trepó. Unos segundos después apareció Max y se oyeron unos devastadores disparos.

-          ¡Por un pelo y me da! Espera…
-          ¿Qué pasa?
-          Oigo unos pasos. Rápido –exclama destapando un hueco en el suelo-.

Rápido, efectivamente, el muchacho se metió y llegó a un pequeño y estrecho túnel.


V

            Era un túnel muy estrecho. A Andrés le tocaba dar vuelta dando botes. Bajó así a un nivel y oyó algo, como si fuera una fuga de gas. Pensó que sería alguna clase de gas venenoso, así que con mucho cuidado fue esquivado mientras salió del túnel. Cuando salió se encontró con Max.

-          ¡Max! ¿Qué pasó con el guardia?
-          Nada. Lo aniquilé fácilmente. Vamos adelante y metámonos en ese tanque.
-          ¿Sabes manejarlo?
-          No, pero no tenemos otro lugar a dónde ir. ¡No perdamos tiempo!

Era un tanque inmenso, lleno de armas. Parecía con el cual sería posible acabar con una ciudad entera. Ambos montamos en el tanque, presionando unos botones y empezaron a desplazarse hacia adelante. Adelante había una puerta gigantesca, la cual derribaron sin problemas con solo pasar por ahí.  Salieron a un campo abierto. Era como el Coliseo Romano.

-          ¡Maldita sea –gritó Max-! Me había olvidado del matadero.
-          ¿Matadero?
-          Aquí es donde se matan los leones negros y se castigan a los traidores como yo. Estaríamos aquí muertos de no ser por ti. El caso es que esto es como un espectáculo, una carnicería.
-          Bueno, ¡ataquemos!

Los dos presionaron todos los botones que encontraron. Del tanque salían “torpedos terrestres” como decía Max, misiles teledirigidos, láseres, bombas, todo. Pero en diez segundos aparecieron miles de soldados y les estaban disparando al tanque.

-          ¡Tenemos que salir! ¡Son demasiados! Entre más matemos más saldrán.
-          Tienes razón, Max. ¡Busquemos algo que nos saque de acá!

Hicieron ellos entonces una gran combinación de botones y nada que salían. Estaban casi perdidos, hasta que salieron disparados hacia arriba, en dos cápsulas por separado. No se sabe si fue Andrés o Max el que presionó el botón que los salvó. Sólo importaba que habían escapado de una muerte casi segura y que en donde irían a parar.


VI

            Andrés estuvo volando por cinco minutos hasta que cayó en algo como una playa. Parecían seres femeninos los que estaban allá. Cuando salió de la cápsula ya estaba desocupada la playa y de repente aparecieron al menos diez soldados. Andrés salió corriendo hacia adelante y parecía haber perdido de vista esos soldados. Luego se encontró con Max y éste estaba rodeado de soldados, así que decidió darle al venusino una mano. Cuando terminaron de matar los soldados, Max le dijo a Andrés:

-          La base debe estar por acá cerca.

Luego alguien tomó a Andrés del pie y lo halaron hacia un piso de abajo. El tirón fue tan fuerte que Andrés creyó que se le separó el hueso ilíaco del fémur. Cuando cayó vio al ser que lo haló, quien parecía ser el jefe, pues parecía diferente a los demás. Después de unos segundos, éste pateó al colombiano en el rostro, haciéndolo volar hacia adelante. Se le iba acercando el ser a este golpeado y herido joven que no podía ni gatear, pero apareció Max y se abalanzó contra el atacante. Durante la lucha, Max le grita al herido Andrés:

-          ¡Avanza lo más rápido posible al interruptor del fondo y acciónalo!

Así que Andrés avanzó hacia ese interruptor, aunque cualquier caracol le hubiera ganado en una carrera de velocidad. Mientras avanzaba, escuchó a Max gritar hasta la inconsciencia, pero cuando eso ya había llegado al interruptor, el cual accionó inmediatamente. Miró hacia atrás y vio cómo salió un rayo que pulverizó al ser atacante. Luego hubo un gran silencio que hizo al adolorido Andrés sentirse bien y tranquilo por un momento, pero rápidamente apareció un murciélago gigante y, del susto, el joven perdió el sentido.

VII

            Cuando Andrés despertó en su propia cama, encontró a Max a su lado.

-          Ya pasó todo, amigo –dijo Max-; en una semana terrestre llegamos a tu casa y ese monstruo murió.
-          Bueno, al menos se que no fue un sueño. ¡No! Mi computador. El informe… Tendré que empezar de nuevo. ¡Espera! No me digas que me terminaste el trabajo y que tengo nuevo computador.
-          Emm… ¿Computador? No sé.
-          Hmmm… No todo podía ser color de rosa. ¡Hey! ¿Qué fue del murciélago?
-          En eso nos vinimos y en eso me voy. ¡Adiós! Te visitaré luego.
-          Adiós.

             Luego Andrés oyó al murciélago aletear y se fue con Max. A nadie contó esta historia. No creyó que valdría la pena.

1996

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